Es docente del Albert Thomas, restauró pupitres y le cambió la cara al colegio


El profesor Julio Orviz comenzó en 2018 un proyecto de restauración del mobiliario de la institución y ya lleva reparado el 70% de los pupitres. La historia de una persona con voluntad y amor por lo que hace.

Por Valentina Gijón (Fuente Región Cultural)

Julio Orviz tiene 60 años, de los cuales 16 fueron dedicados a la docencia. El profesor empezó enseñando en la extensión que tiene el Albert Thomas en la cárcel de Olmos para luego pasar a trabajar en la sede central ubicada en 1 y 57 de la ciudad de La Plata, donde dicta desde hace 7 años materias de taller y de teoría en la especialidad electromecánica y automotores.

En 2018 Julio empezó el proyecto que cambiaría la vida diaria de los estudiantes del colegio Albert Thomas: la restauración de todos los pupitres fijos de la institución.

El proyecto surgió a partir de la convergencia de varios factores: la necesidad del colegio de mejorar los bancos, la del profesor de devolverle a la comunidad lo que recibió y la posibilidad de hacerlo a través de su trabajo. “Estoy agradecido por lo que el Estado ha hecho por mí y le devuelvo con esto, que es con lo que yo puedo y soy hábil”, expresa Julio Orviz en una entrevista con Región Cultural.

En efecto, el origen de la idea se da cuando el profesor nota en las clases de teoría que los bancos en los que se sentaban los alumnos estaban destrozados, producto del abandono y el paso del tiempo. Esto llevaba a que el ambiente en el que pasaban casi todo el día los chicos se transformara en un lugar incómodo.

Es entonces cuando decide hablar con las autoridades del Albert Thomas al respecto, planteando la idea de empezar con el proyecto. La respuesta que recibió por parte del colegio fue alentadora: le asignaron 4 módulos exclusivamente para la reparación de pupitres, es decir, la escuela empezó a destinar el dinero correspondiente a 4 módulos para su mantenimiento.

Esta primera etapa del proyecto se realizaba sin alumnos. Julio trabajaba en los talleres del colegio durante el tiempo correspondiente a los módulos asignados. Sin embargo, el profesor continuaba realizando tareas cuando volvía a su casa, donde cortaba y barnizaba las tablas que luego se terminaban dentro de la institución.

“Yo tenía la intención y las habilidades técnicas para hacer el trabajo y tengo un taller en mi casa (carpintería y herrería), además de unas infinitas ganas de trabajar”, manifiesta el profesor.

La segunda etapa del proyecto, que es la que está transcurriendo actualmente, se realiza con alumnos como parte de una materia pedagógica dentro de la línea del plan de reparación de pupitres. Ya no trabaja solo, sino con ayuda de los alumnos que cursan esa materia dentro del área técnica de enseñanza.

Sin embargo, desde antes de que fuera una materia los estudiantes ya mostraban interés por lo que hacía el docente en el colegio, ofreciendo su ayuda con el trabajo incluso en las horas libres: “Los chicos que me ayudan se van a sentar en pupitres que ellos mismos repararon y se sienten contentos, orgullosos”, expresa el profesor y agrega: “Trabajar en ese ambiente de colaboración, de cariño, es muy lindo”.

El proyecto transita actualmente la etapa final, habiéndose restaurado hasta el momento un total de 360 pupitres, que representan el %70 de los existentes en el colegio. Para terminar, solo les falta restaurar los pupitres de dos aulas. Se trata de pupitres anclados al piso que exigen, para su restauración, hacerse casi de cero.

El profesor explica que ver los resultados “no tiene precio”. “Es emocionante ver el trabajo logrado. Te produce una satisfacción que creés que sos Gardel”, expresa en referencia al proyecto que involucra a autoridades, docentes y alumnos, quienes trabajan en equipo para poner en valor la institución.